sábado, 15 de agosto de 2009

EDUCACION PREHISPANICA. LIDIA

EDUCACION PREHISPANICA
Desde el punto de vista histórico, se comprenden tres periodos: el formativo o preclásico (1500 a. C. – 300 d. C.), el clásico (300 – 900), y el pos – clásico (900 – 1500). El periodo clásico se caracteriza por la disminución de las actividades recolectoras cazadoras, debido a la importancia que adquiere la agricultura y la aparición de un cierto comercio. Constituye una etapa de transición en la organización social, que presenta una clara división del trabajo. En el orden religioso, existe una clase Sacerdotal que ostenta un gran poder Político. La cultura mas importante de este periodo es la Olmeca, la primera gran civilización mesoamericana, que evoluciona hasta la construcción de los tres destacados centros ceremoniales de la Venta, San Lorenzo y Tres Zapotes.
Durante el periodo clásico surgen las tres ciudades, que agrupaban funciones políticas, religiosas y residenciales. La organización social y del trabajo presenta una mayor complejidad. Destacan los centros de Teotihuacan, Monte Albán, Xochicalco y el Tajín. Florece la cultura Totonaca y se desarrolla la primera fase de la civilización Maya, una de las más representativas.
El posclásico se inicia con la caída de estos grandes centros y con la expansión de los Totonacas, aztecas y mayas – Toltecas. Durante este periodo, los distintos pueblos del área mesoamericana, se enfrentaron en guerras. El pueblo tolteca, cuyo centro se situaba en la ciudad de Tula, comenzó a imponer su hegemonía, expandiéndose hacia el norte y el sur hasta alcanzar la región de los mayas y de los Quiché. Los Toltecas conquistaron Chichén Itzá, ocuparon Uxmal y fundaron Mayapán, instaurando una tiranía que concluyó con las rebeliones de mediados de siglo XV y que supuso el inicio de la decadencia Maya.
Azteca o Mexica, miembro de un pueblo que dominó centro y sur del actual México, en Meso América desde el siglo XIV hasta el siglo XVI y que es famoso por haber establecido un imperio altamente organizado, destruido por los conquistadores españoles y sus aliados Tlaxcaltecas.
Algunas versiones señalan que el nombre de "Azteca" proviene de un lugar mítico, situado posiblemente al norte de lo que hoy en día es México, llamado Aztlan; mas tarde se auto denominaron Mexicas.
Educación
Los primeros esfuerzos encaminados a la educación en la Nueva España, se deben al esfuerzo de los misioneros que abrieron escuelas para los indios, como el de Texcoco, creado por Fray Pedro de Gante en 1523. Fray Juan de Samárrga es el primero en orientar la educación superior por un camino científico y literario, promoviendo y participando en la fundación de la Real y Pontificia Universidad de México en 1551. Con el tiempo se fueron fundando colegios en la provincia como el de San Juan y el de San Pedro o el de la Purísima Concepción en Guanajuato.
Los criollos fueron el grupo, que por sus posibilidades económicas y disposición al estudio, asistieron en mayor cantidad a las instituciones de educación superior, de tal suerte que en el siglo XVIII estos habían generado una conciencia de clase, ya que nacidos ellos en América eran excluidos sistemáticamente de cualquier puesto público de primera importancia, pues estos se reservaban para el disfrute exclusivo de pos peninsulares, que en la mayoría de los casos eran recién llegados a estas tierras. Los criollos argumentaban entonces un mayor conocimiento de la problemática Novo hispana.
La educación indígena durante los siglos XVI y XVII
De esta manera, de buena o de mala gana, la corona asignó dinero y hombres a la educación de los indígenas durante los trescientos años de la época colonial. Su principal ayuda durante el siglo XVI fue la iglesia católica, cuyos frailes, los franciscanos, dominicos y agustinos, dirigían las parroquias de los indios, llamadas “doctrinas”, y se encargaban de la evangelización y de la enseñanza. Sostenidos principalmente por el gobierno español, las órdenes religiosas inventaron métodos novedosos para transmitir los conocimientos religiosos--- pinturas, catecismos con dibujos en vez de palabras, danza, teatro y música (métodos audiovisuales), además de enseñar las artes y oficios y fundar colegios de internados para indígenas durante el siglo XVI: los franciscanos en Tlateloco, los jesuitas en Pátzcuaro, Tepozotlán y el colegio de San Gregorio en la ciudad de México. En 1585 el III Concilio Mexicano legisló sobre dos puntos relacionados con la educación indígena. Prohibió la ordenación de los indios como sacerdotes y mandó que los párrocos usaran la lengua indígena de cada región para la evangelización. La primera disposición sirvió para desanimar los esfuerzos para promover estudios avanzados para los indígenas porque ya no podían llegar a ser sacerdotes de la iglesia católica. A pesar de la prohibición para las órdenes sacras, algunos indígenas asistieron a la Universidad de México para estudiar filosofía, gramática latina, derecho y medicina, ya que esa institución, fundada en 1551, estaba reservada para alumnos españoles y para indígenas nobles.

El segundo mandato del Concilio por el cual los clérigos debieran aprender la lengua de los neófitos y al mismo tiempo procurar enseñarles el castellano no concordaba con la opinión del Consejo de Indias en España. Ahí las autoridades peninsulares criticaban que la conservación de los idiomas americanos propiciaba la idolatría y la superstición; además, la habilidad de hablar una lengua indígena por los sacerdotes “mestizos y criollos” perjudicaba, según el Consejo, el nombramiento a las doctrinas del Nuevo Mundo de clérigos ibéricos mejor calificados. El rey FELIPE II se opuso a la idea del Consejo de Indias de obligar a los indios a aprender el castellano y declaró: “No parece conveniente apremiarlos a que dejen su lengua natural” y que se debía “guardar la que esta mandado en no promover curatos sino a quien sepa a la de los indios.” Aunque el monarca optó por la posición del III Concilio Mexicano, añadió que también se debiera designar maestros que enseñaran el castellano a quienes “voluntariamente quisieren”.

Otro estímulo para la educación indígena que se realizó en este periodo fue la cédula real de 1697, repetida en 1725, que revocó la prohibición para la ordenación sacerdotal de los indios. Se declaró que los indígenas podrían recibir las órdenes sagradas y deberían ser tratados “según y como los demás vasallos en mis dilatados dominios de la Europa, con quienes han de ser iguales en todo.” Los tres colegios internos para indígenas en Parras, Coahuila, en 1622; en San Luis de la Paz en 1640, añadido la escuela establecida en 1594; y el Colegio de San Javier, Puebla, en 1751, probablemente sirvieron con los cuatro del siglo XVI, para la preparación de los alumnos nativos para ocupar puestos “eclesiásticos, políticos y civiles,” además de los seminarios diocesanos, fundados al final del XVII, que tenían becas para los seminaristas indios. Educación indígena en el siglo XVIIIPara entender la educación indígena en el siglo XVIII es importante tomar en cuenta la estructura y funciones de los “pueblos de indios” de la Nueva España. En la cédula real de 1691, el rey ordenó pagar a los maestros de escuela “de los bienes de comunidad de pueblos de los indios” y así reconoció que los pueblos representaban una forma de gobierno local y una fuente de divisas que se podría usar para las escuelas. El “pueblo de indios” era uno de tres tipos de asentamientos humanos reconocidos en la legislación. La base de la estructura política y administrativa del virreinato al nivel local consistía en las ciudades y las villas de españoles y los pueblos de indios. En el siglo XVIII había aproximadamente 70 ciudades y villas de españoles y 4 000 pueblos de indios. En las ciudades y villas había ayuntamientos o cabildos, y en los pueblos de indios, el cabildo se llamaba la “república.” El pueblo de indios era una entidad corporativa, reconocida legalmente, con gobernantes indígenas electos anualmente, donde vivían por lo menos 80 tributarios (aproximadamente 360 indígenas) y había una iglesia consagrada y una dotación de tierra comunal inalienable. Los “oficiales de república” eran el gobernador, el alcalde, el regidor, el alguacil mayor y el escribano, encargados de recolectar el tributo, supervisar las tierras de comunidad y los fondos de la caja de comunidad, administrar justicia para crímenes menores según la costumbre del pueblo, financiar y dirigir las principales fiestas religiosas, representar al pueblos legalmente y ser testigos de los testamentos de los indígenas. Cada año los “vocales” o “electores” indígenas del pueblo eligieron los oficiales de república. Los ingresos del pueblo provenían principalmente del producto de diez varas cuadradas de tierra (diez metros cuadrados) que cada tributario cultivaba y el arrendamiento de terrenos sobrantes de los bienes de comunidad. Casi todos los fondos eran gastados cada año en las ceremonias litúrgicas, comida comunal, fuegos pirotécnicos, música y flores de las festividades sacras, especialmente la del santo patrón del pueblo, Corpus Christi, Jueves Santo, y las tres pascuas: Navidad, Resurrección y Pentecostés.

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